lunes, 22 de febrero de 2016

DON JUAN, DON ALFONSO XIII Y FRANCO






Después de la guerra civil ocurrió que Franco no restauraba la monarquía española, que se murió con Su Majestad Don Alfonso XIII de Borbón y Habsburgo-Lorena, que ganaban la guerra mundial las democracias de Europa, y entonces los monárquicos redactaron el Manifiesto de Lausana para decir al mundo que había una alternativa democrática al General Franco, con un rey al frente: Su hijo S.A.R el Infante de España Don Juan de Borbón y Battenberg.  Hasta Estados Unidos e Inglaterra colaboraron en la creación de un gobierno de socialistas, monárquicos y militares, para derrocar a los vencedores de la guerra civil. Y ahí comenzó “la conspiración monárquica” contra el régimen del general Franco y aparecía la Corte desterrada y expectante de Estoril en la vecina Portugal. Los monárquicos de aquel tiempo se dividieron en estas tres clases que paso a diseñar.

Había una clase que representaba la impaciencia por la restauración monárquica. Les parecía que la guerra civil no se había hecho para otra cosa que para devolver la monarquía a España y luego la conjunción política ya se vería cómo se hacía. Los nombres de estos monárquicos están en la memoria de todos. Había otra clase de monárquicos, que consistía en estar bien con los dos: con Madrid y con Estoril; con el General Franco y con Don Juan de Borbón. Les gustaba el régimen sin partidos, sin azañistas y sin revolucionarios, pero todo aquello tenía que estar presidido por el rey. Y la tercera clase de monárquicos eran los que habían inventado una monarquía nueva para un régimen también nuevo y sin falangistas influyentes, que fueron los del Opus Dei.

Voy a dar unos nombres para cada facción monárquica. La primera era la de Vegas Latapie, Quintanar y Sáinz Rodríguez.

La segunda era la de Juan Ignacio Luca de Tena, José María Pemán y el marqués de Valdeiglesias.


 Y la tercera era la de Rafael Calvo Serer, Florentino Pérez Embid y Rodríguez Casado.

Con toda esta gente variada tenía que trastear Su Alteza Real Don Juan de Borbón: así es que su paciencia tuvo que ser excepcional. Más adelante aparecería una cuarta facción, la de los audaces, y éstos eran los que apetecieron las relaciones con Indalecio Prieto, y el personaje principal fue José María Gil Robles. En el fondo, lo que apetecían estas dos personalidades, y que se pusieron verdes en el Congreso tras el asesinato de Calvo Sotelo, era una “República coronada” que se da con la proclamación de Juan Carlos I en 1975.

Así era nuestro monarquismo en la década de los 40 y de los 50. Con todo este panorama, y con la buena acogida de los derrotados de la guerra civil española por el mundo, el General Franco decidió esperar hasta el final de sus días para abrir paso a la monarquía como futuro para España, porque Franco era un monárquico emocional con la figura de Su Majestad Don Alfonso XIII, que fue su padrino de boda y que, además, se vio obligado a ser el protagonista principal de la guerra de África.

Pero a partir de los años 60 se produce otra nueva facción monárquica, en el entorno de Don Juan de Borbón, y que es la de aquellos que tienen clarificada la restauración monárquica a cargo de Don Juan de Borbón, pero aceptando el proceso de liquidación del régimen unido a la vida misma del General Franco. O lo que es lo mismo: monarquía, democracia, paciencia y barajar. Aquí aparecen los hombres que después constituirían el centrismo, en sus alas liberales y democristianas.

Si no hubiera existido Don Juan de Borbón ni sus monárquicos, los juanistas que querían una Monarquía constitucional frente al régimen franquista, todo habría sido diferente, incluido el Rey  Juan Carlos I que no sería partidario de un modelo democrático en el que la Corona confía y respeta.

Si Su Majestad Don Juan Carlos I es un profundo demócrata, lo es gracias al ambiente que recibió en su casa desde niño por las convicciones de su padre un hombre cuyo destino no parecía destinarle a asumir la Corona de España a la que accedió tras la renuncia de sus hermanos Alfonso y Jaime y que navego en unos momentos muy agitados para una España que iba a contracorriente a las posibilidades de que un miembro de la familia Borbón volviera a reinar.

Pero lo más importante de esta historia es que la Corona estuvo a la altura de las circunstancias y sirvió para la reconciliación a los españoles y el regreso de la democracia.

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