sábado, 16 de enero de 2016

DISCURSO DE PROCLAMACIÓN DE SU MAJESTAD EL REY FELIPE VI ANTE LAS CORTES GENERALES DE ESPAÑA






Discurso de Proclamación de Su Majestad el Rey Felipe VI
 ante las Cortes Generales de España.


    Madrid, 19 de Junio 2014.

Comparezco hoy ante Las Cortes Generales para pronunciar el juramento previsto en nuestra Constitución y ser proclamado Rey de España. Cumplido ese deber constitucional, quiero expresar el reconocimiento y el respeto de la Corona a estas Cámaras, depositarias de la soberanía nacional. Y permítanme que me dirija a sus señorías y desde aquí, en un día como hoy, al conjunto de los españoles.

Inicio mi reinado con una profunda emoción por el honor que supone asumir la Corona, consciente de la responsabilidad que comporta y con la mayor esperanza en el futuro de España.

Una nación forjada a lo largo de siglos de Historia por el trabajo compartido de millones de personas de todos los lugares de nuestro territorio y sin cuya participación no puede entenderse el curso de la Humanidad.

Una gran nación, Señorías, en la que creo, a la que quiero y a la que admiro; y a cuyo destino me he sentido unido toda mi vida, como Príncipe Heredero y hoy ya como Rey de España.

Ante sus Señorías y ante todos los españoles también con una gran emoción quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el Rey Juan Carlos I. Un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario. Como muy bien ha dicho el presidente del Congreso, hace casi 40 años, desde esta tribuna, mi padre manifestó que quería ser Rey de todos los españoles. Y lo ha sido. Apeló a los valores defendidos por mi abuelo el Conde de Barcelona y nos convocó a un gran proyecto de concordia nacional que ha dado lugar a los mejores años de nuestra historia contemporánea.

En la persona del Rey Juan Carlos rendimos hoy el agradecimiento que merece una generación de ciudadanos que abrió camino a la democracia, al entendimiento entre los españoles y a su convivencia en libertad. Esa generación, bajo su liderazgo y con el impulso protagonista del pueblo español, construyó los cimientos de un edificio político que logró superar diferencias que parecían insalvables, conseguir la reconciliación de los españoles, reconocer a España en su pluralidad y recuperar para nuestra Nación su lugar en el mundo.

Y me permitirán también, Señorías, que agradezca a mi madre, la Reina Sofía, toda una vida de trabajo impecable al servicio de los españoles. Su dedicación y lealtad al Rey Juan Carlos, su dignidad y sentido de la responsabilidad, son un ejemplo que merece un emocionado tributo de gratitud que hoy como hijo y como Rey quiero dedicarle. Juntos, los Reyes Juan Carlos y Sofía, desde hace más de 50 años, se han entregado a España. Espero que podamos seguir contando muchos años con su apoyo, su experiencia y su cariño.

A lo largo de mi vida como Príncipe de Asturias, de Girona y de Viana, mi fidelidad a la Constitución ha sido permanente, como irrenunciable ha sido y es mi compromiso con los valores en los que descansa nuestra convivencia democrática. Así fui educado desde niño en mi familia, al igual que por mis maestros y profesores. A todos ellos les debo mucho y se lo agradezco ahora y siempre. Y en esos mismos valores de libertad, de responsabilidad, de solidaridad y de tolerancia, la Reina y yo educamos a nuestras hijas, la Princesa de Asturias, Leonor, y la Infanta Sofía.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Hoy puedo afirmar ante estas Cámaras y lo celebro que comienza el reinado de un Rey constitucional.

Un Rey que accede a la primera magistratura del Estado de acuerdo con una Constitución que fue refrendada por los españoles y que es nuestra norma suprema desde hace ya más de 35 años.

Un Rey que debe atenerse al ejercicio de las funciones que constitucionalmente le han sido encomendadas y, por ello, ser símbolo de la unidad y permanencia del Estado, asumir su más alta representación y arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones.

Un Rey, en fin, que ha de respetar también el principio de separación de poderes y, por tanto, cumplir las leyes aprobadas por las Cortes Generales, colaborar con el Gobierno de la Nación a quien corresponde la dirección de la política nacional y respetar en todo momento la independencia del Poder Judicial.

No tengan dudas, Señorías, de que sabré hacer honor al juramento que acabo de pronunciar; y de que, en el desempeño de mis responsabilidades, encontrarán en mí a un Jefe del Estado leal y dispuesto a escuchar, a comprender, a advertir y a aconsejar; y también a defender siempre los intereses generales.

Y permítanme añadir, que a la celebración de este acto de tanta trascendencia histórica, pero también de normalidad constitucional, se une mi convicción personal de que la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España.

La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles. Todos ellos, valores políticos esenciales para la convivencia, para la organización y desarrollo de nuestra vida colectiva.

Pero las exigencias de la Corona no se agotan en el cumplimiento de sus funciones constitucionales. He sido consciente, desde siempre, de que la Monarquía Parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; ha de ser una fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos, y debe compartir y sentir como propios sus éxitos y sus fracasos.

La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, sólo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda la razón que los principios morales y éticos inspiren y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de todos los ciudadanos.

Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Hoy es un día en el que, si tuviéramos que mirar hacia el pasado, me gustaría que lo hiciéramos sin nostalgia, pero con un gran respeto hacia nuestra historia; con espíritu de superación de lo que nos ha separado o dividido; para así recordar y celebrar todo lo que nos une y nos da fuerza y solidez hacia el futuro.

En esa mirada deben estar siempre presentes, con un inmenso respeto también, todos aquellos que, víctimas de la violencia terrorista, perdieron su vida o sufrieron por defender nuestra libertad. Su recuerdo permanecerá en nuestra memoria y en nuestro corazón. Y la victoria del Estado de Derecho, junto a nuestro mayor afecto, será el mejor reconocimiento a la dignidad que merecen.

Y mirando a nuestra situación actual, Señorías, quiero también transmitir mi cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que, el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas. Tenemos con ellos el deber moral de trabajar para revertir esta situación y el deber ciudadano de ofrecer protección a las personas y a las familias más vulnerables. Y tenemos también la obligación de transmitir un mensaje de esperanza particularmente a los más jóvenes- de que la solución de sus problemas y en particular la obtención de un empleo, sea una prioridad para la sociedad y para el Estado. Sé que todas sus Señorías comparten estas preocupaciones y estos objetivos.

Pero sobre todo, Señorías, hoy es un día en el que me gustaría que miráramos hacia adelante, hacia el futuro; hacia la España renovada que debemos seguir construyendo todos juntos al comenzar este nuevo reinado.

A lo largo de estos últimos años y no sin dificultades- hemos convivido en democracia, superando finalmente tiempos de tragedia, de silencio y oscuridad. Preservar los principios e ideales en los que se ha basado esa convivencia y a los que me he referido antes, no sólo es un acto de justicia con las generaciones que nos han precedido, sino una fuente de inspiración y ejemplo en todo momento para nuestra vida pública. Y garantizar la convivencia en paz y en libertad de los españoles es y será siempre una responsabilidad ineludible de todos los poderes públicos.

Los hombres y mujeres de mi generación somos herederos de ese gran éxito colectivo admirado por todo el mundo y del que nos sentimos tan orgullosos. A nosotros nos corresponde saber transmitirlo a las generaciones más jóvenes.

Pero también es un deber que tenemos con ellas y con nosotros mismos-, mejorar ese valioso legado, y acrecentar el patrimonio colectivo de libertades y derechos que tanto nos ha costado conseguir. Porque todo tiempo político tiene sus propios retos; porque toda obra política como toda obra humana es siempre una tarea inacabada. 
Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación.



Los españoles y especialmente los hombres y mujeres de mi generación, Señorías, aspiramos a revitalizar nuestras instituciones, a reafirmar, en nuestras acciones, la primacía de los intereses generales y a fortalecer nuestra cultura democrática.

Aspiramos a una España en la que se puedan alcanzar acuerdos entre las fuerzas políticas sobre las materias y en los momentos en que así lo aconseje el interés general.

Queremos que los ciudadanos y sus preocupaciones sean el eje de la acción política, pues son ellos quienes con su esfuerzo, trabajo y sacrificio engrandecen nuestro Estado y dan sentido a las instituciones que lo integran. 

Deseamos una España en la que los ciudadanos recuperen y mantengan la confianza en sus instituciones y una sociedad basada en el civismo y en la tolerancia, en la honestidad y en el rigor, siempre con una mentalidad abierta y con un espíritu solidario.

Y deseamos, en fin, una España en la que no se rompan nunca los puentes del entendimiento, que es uno de los principios inspiradores de nuestro espíritu constitucional.

En ese marco de esperanza quiero reafirmar, como Rey, mi fe en la unidad de España, de la que la Corona es símbolo. Unidad que no es uniformidad, Señorías, desde que en 1978 la Constitución reconoció nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad, al proclamar su voluntad de proteger a todos los pueblos de España, sus tradiciones y culturas, lenguas e instituciones. Una diversidad que nace de nuestra historia, nos engrandece y nos debe fortalecer.

En España han convivido históricamente tradiciones y culturas diversas con las que de continuo se han enriquecido todos sus pueblos. Y esa suma, esa interrelación de culturas y tradiciones tiene su mejor expresión en el concierto de las lenguas. Junto al castellano, lengua oficial del Estado, las otras lenguas de España forman un patrimonio común que, tal y como establece la Constitución, debe ser objeto de especial respeto y protección; pues las lenguas constituyen las vías naturales de acceso al conocimiento de los pueblos y son a la vez los puentes para el diálogo de todos los españoles. Y así lo han considerado y reclamado escritores tan señeros como Antonio Machado, Espriu, Aresti o Castelao.

En esa España, unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos; caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben todas las formas de sentirse español. Porque los sentimientos, más aún en los tiempos de la construcción europea, no deben nunca enfrentar, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir.

Y esa convivencia, la debemos revitalizar cada día, con el ejercicio individual y colectivo del respeto mutuo y el aprecio por los logros recíprocos. Debemos hacerlo con el afecto sincero, con la amistad y con los vínculos de hermandad y fraternidad que son indispensables para alimentar las ilusiones colectivas.

Trabajemos todos juntos, Señorías, cada uno con su propia personalidad y enriqueciendo la colectiva; hagámoslo con lealtad, en torno a los nuevos objetivos comunes que nos plantea el siglo XXI. Porque una nación no es sólo su historia, es también un proyecto integrador, sentido y compartido por todos, que mire hacia el futuro.

Un nuevo siglo, Señorías, que ha nacido bajo el signo del cambio y la transformación y que nos sitúa en una realidad bien distinta de la del siglo XX.

Todos somos conscientes de que estamos asistiendo a profundas transformaciones en nuestras vidas que nos alejan de la forma tradicional de ver el mundo y de situarnos en él. Y que, al tiempo que dan lugar a incertidumbre, inquietud, o temor en los ciudadanos, abren también nuevas oportunidades de progreso.

Afrontar todos estos retos y dar respuestas a los nuevos desafíos que afectan a nuestra convivencia, requiere el concurso de todos: de los poderes públicos, a los que corresponde liderar y definir nuestros grandes objetivos nacionales; pero también a los ciudadanos, de su impulso, su convicción y su participación activa. Es una tarea que demanda un profundo cambio de muchas mentalidades y actitudes y, por supuesto, gran determinación y valentía, visión y responsabilidad.

Nuestra Historia nos enseña que los grandes avances de España se han producido cuando hemos evolucionado y nos hemos adaptado a la realidad de cada tiempo; cuando hemos renunciado al conformismo o a la resignación y hemos sido capaces de levantar la vista y mirar más allá -y por encima- de nosotros mismos; cuando hemos sido capaces de compartir una visión renovada de nuestros intereses y objetivos comunes.

El bienestar de nuestros ciudadanos hombres y mujeres, Señorías, nos exige situar a España en el siglo XXI, en el nuevo mundo que emerge aceleradamente; en el siglo del conocimiento, la cultura y la educación.

Tenemos ante nosotros un gran desafío de impulsar las nuevas tecnologías, la ciencia y la investigación, que son hoy las verdaderas energías creadoras de riqueza; tenemos el desafío de promover y fomentar la innovación, la capacidad creativa y la iniciativa emprendedora como actitudes necesarias para el desarrollo y el crecimiento. Todo ello es, a mi juicio, imprescindible para asegurar el progreso y la modernización de España y nos ayudará, sin duda, a ganar la batalla por la creación de empleo, que constituye la principal preocupación de los españoles.

El siglo XXI, el siglo también del medio ambiente, deberá ser aquel en el que los valores humanísticos y éticos que necesitamos recuperar y mantener, contribuyan a eliminar las discriminaciones, afiancen el papel de la mujer y promuevan aún más la paz y la cooperación internacional.

Señorías, me gustaría referirme ahora a ese ámbito de las relaciones internacionales, en el que España ocupa una posición privilegiada por su lugar en la geografía y en la historia del mundo.

De la misma manera que Europa fue una aspiración de España en el pasado, hoy España es Europa y nuestro deber es ayudar a construir una Europa fuerte, unida y solidaria, que preserve la cohesión social, afirme su posición en el mundo y consolide su liderazgo en los valores democráticos que compartimos. Nos interesa, porque también nos fortalecerá hacia dentro. Europa no es un proyecto de política exterior, es uno de los principales proyectos para el Reino de España, para el Estado y para la sociedad.

Con los países iberoamericanos nos unen la historia y lazos muy intensos de afecto y hermandad. En las últimas décadas, también nos unen intereses económicos crecientes y visiones cada vez más cercanas sobre lo global. Pero, sobre todo, nos une nuestra lengua y nuestra cultura compartidas. Un activo de inmenso valor que debemos potenciar con determinación y generosidad.

Y finalmente, nuestros vínculos antiguos de cultura y de sensibilidad tan próximos con el Mediterráneo, Oriente Medio y los países árabes, nos ofrecen una capacidad de interlocución privilegiada, basada en el respeto y la voluntad de cooperar en tantos ámbitos de interés mutuo e internacional, en una zona de tanta relevancia estratégica, política y económica.

En un mundo cada vez más globalizado, en el que están emergiendo nuevos actores relevantes, junto a nuevos riesgos y retos, sólo cabe asumir una presencia cada vez más potente y activa en la defensa de los derechos de nuestros ciudadanos y en la promoción de nuestros intereses, con la voluntad de participar e influir más en los grandes asuntos, asuntos de la agenda global y sobre todo en el marco de las Naciones Unidas.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Con mis palabras de hoy, he querido cumplir con el deber que siento de transmitir a sus señorías y al pueblo español, sincera y honestamente, mis sentimientos, convicciones y compromisos sobre la España con la que me identifico, a la que quiero y a la que aspiro; y también sobre la Monarquía Parlamentaria en la que creo: como dije antes y quiero repetir, una monarquía renovada para un tiempo nuevo.

Y al terminar mi mensaje quiero agradecer a los españoles el apoyo y el cariño que en tantas ocasiones he recibido. Mi esperanza en nuestro futuro se basa en mi fe en la sociedad española; una sociedad madura y vital, responsable y solidaria, que está demostrando una gran entereza y un espíritu de superación que merecen el mayor reconocimiento.

Señorías, tenemos un gran País; Somos una gran Nación, creamos y confiemos en ella.

Decía Cervantes en boca de Don Quijote: "no es un hombre más que otro si no hace más que otro".

Yo me siento orgulloso de los españoles y nada me honraría más que, con mi trabajo y mi esfuerzo diario, los españoles pudieran sentirse orgullosos de su nuevo Rey.

Muchas gracias.  Moltes gràcies.  Eskerrik asko.  
Moitas grazas.

martes, 15 de diciembre de 2015

LA MONARQUÍA PARLAMENTARIA EN LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978



LA MONARQUÍA PARLAMENTARIA EN LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978

La Constitución española de 1978 retira varios principios esenciales de la visión doctrinal de la Monarquía Constitucional: en primer lugar, somete las decisiones más importantes en materia de la provisión del puesto a la decisión de las Cortes Generales y, en segundo lugar, en lo que es la cuestión crucial de la relación entre el Jefe del Estado-Rey y el Gobierno, revierte y altera el sistema de la doble confianza, en el sentido de que bajo la Constitución de 1876 el Gobierno tenía que tener la confianza del Rey y de las Cortes. Mientras que la Constitución de 1978 se sitúa en un punto intermedio entre ésta y la Constitución sueca tras la última reforma de los años setenta, en el sentido de que al Rey se le van a reconocer unos poderes. Cuestión distinta es el grado de consenso sobre la efectividad y alcance de esos poderes. Va a desaparecer el concepto asociado a la idea de poder moderador a la Monarquía constitucional y al principio monárquico de que aquellos poderes que no están estrictamente mencionados en la Constitución pertenecen al Monarca. Estos principios de alteración de la doble confianza y de desaparición de la atribución a los poderes regios de aquellos poderes que no están estrictamente atribuidos a otros órganos como exigía el principio monárquico, configuran un modelo racionalizado de Monarquía Parlamentaria.


Los dos principales puntales de la Monarquía Parlamentaria, y concretamente del jefe del Estado como órgano y de su titular, son el principio de unidad y el principio democrático. El primero está consagrado en los Capítulos primero y segundo de la Constitución, que atribuye la soberanía nacional al pueblo español y que el interés general se supraordena a los intereses generales de las Comunidades Autónomas y de los otros entes territoriales. El principio democrático se consagra en el artículo 1 de la Constitución explícitamente, y se desarrolla a través de un sistema clásico de relación de poderes. La figura de la Corona, regulada en el Título II, artículos del 56 al 65, sirve tanto al principio de unidad como al principio democrático. “El Rey reina, pero no Gobierna”.

Funciones de la Corona en nuestro sistema político español

Como ya hemos reiterado con anterioridad, el Rey no tiene en nuestro sistema político poder político real. Por lo tanto, responde plenamente a la expresión “el Rey reina pero no gobierna”.

La Constitución Española de 1978 atribuye expresamente determinadas funciones al Jefe del Estado. Funciones tasadas que el Jefe del Estado no puede sobrepasar. Las funciones del Rey son, en primer lugar, simbólicas, de representación de España como entidad histórica y del Estado como entidad jurídica. Y simbólicas también, en el sentido de que carecen de un contenido efectivo de poder político. Sin embargo, convendría puntualizar, que en el caso español, la Corona no se identifica con el Estado, tal y como sucede por ejemplo en Gran Bretaña, donde la Corona es la encarnación jurídica del Estado. De esta suerte, los bienes y órganos del Estado pertenecen a la Corona o son de ella, aunque el Rey tenga sus propios bienes. Incluso, el Parlamento británico se denomina formalmente la Corona “reunida en Parlamento”. En el caso español, a pesar de esta carga simbólica, la Corona es una institución, un órgano del Estado, que tiene asignadas funciones propias, específicas y diferentes de los demás órganos del Estado.

El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia (artº. 56). Es símbolo de que el Estado es sólo uno, aunque los poderes del Estado sean más de uno; y símbolo de que el Estado permanece, por encima de los destinos del Rey particular.

En cuanto que símbolo del Estado, tiene funciones en las relaciones con otros Estados: asume la más alta representación de España en las relaciones internacionales (artº. 56), acredita a los embajadores y representantes de España en el extranjero y recibe la acreditación de los que representen a otros Estados ante España; en fin, expresa el consentimiento del Estado para suscribir Tratados internacionales
(artº. 63).

Estas funciones simbólicas también se manifiestan a nivel interno. Así, el Rey sanciona y promulga las leyes (artº. 62.a); convoca y disuelve las Cortes y convoca elecciones en los términos previstos en la Constitución (artº. 62.b) ; convoca a referéndum en los casos previstos en la Constitución (artº. 62.c) ; nombra y separa a los miembros del Gobierno, a propuesta de su Presidente (artº. 62.e) ; la justicia se administra en nombre de Rey, teniendo éste el derecho de gracia, es decir, el indulto, aunque parcial, que ejerce en la práctica el Gobierno (artº. 62.i). Por último, ostenta el patronazgo de las Reales Academias. Son todas ellas, funciones formales, que no ejerce en realidad el Rey, sino quién refrenda los actos del Rey.

¿Significa esto que al Monarca no le resta ninguna otra función con un mayor grado de libertad?

Aunque siempre sometidas a la Constitución, corresponde al Rey proponer al Congreso el candidato a Presidente de Gobierno (artº. 62.d). Es decir, una vez celebradas Elecciones Generales, el Rey llama a consultas a los representantes de todos los partidos políticos que hayan obtenido algún escaño; hasta el momento, estas consultas siempre han comenzado con el partido que menor número de diputados ha conseguido y han terminado con el que más tiene. Una vez realizadas las consultas, el Rey propone al Presidente del Congreso un candidato para Presidente del Gobierno.

Hasta ahora la dinámica política ha resuelto el “dilema real”, al adjudicar a un partido, o bien una mayoría parlamentaria sólida para investir a su candidato como Presidente del Gobierno, o ha cristalizado en un bloque de partidos que han apoyado la investidura del candidato de uno de los partidos más votados.

Si de las consultas no surgiera, sin embargo, un candidato con claras posibilidades de obtener la mayoría, el Rey debería proponer en primer lugar, al representante del partido con más diputados, para que éste intente formar Gobierno. Esta función del Rey, la de proponer candidato para la Presidencia del Gobierno, sí puede tener, pues, contenido material en caso de que no haya una mayoría clara, pues al Rey le cabe un margen de apreciación para determinar el candidato con más posibilidades de obtener la mayoría. Esta fórmula ya estaba presente en la Constitución de 1876, pero sólo en una oportunidad utilizó el Rey Alfonso XII esta facultad, y fue con ocasión de entregar el poder a los liberales en 1881, en vista de las vacilaciones del propio Cánovas del Castillo para aplicar su propia receta, y que sólo una vez también ejerció la Reina Regente María Cristina para relevar a Mateo Sagasta del Gobierno.

En segundo lugar, al Rey le corresponde el mando supremo de las Fuerzas Armadas (artº. 62.h). Desde la perspectiva jurídico-constitucional más estricta, se trataría en este caso también de una función simbólica, pues es al Gobierno al que le corresponde dirigir la Administración militar, y la cúspide de la cadena de mando reside en el Presidente del Gobierno y en el Ministro de Defensa. Sin embargo, aquí los acontecimientos que marcaron nuestra transición política, y en especial, el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ponen de manifiesto la importancia que para la consolidación de la democracia en nuestro país ha tenido esta atribución real, dado que ha permitido con su apoyo a las instituciones democráticas, dotarlas de una mayor legitimidad.

Por último, la Constitución señala que el Rey arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones (artº. 56.1). Es en esta cláusula donde podrían ampararse aquéllos que demandan una mayor intervención regia en los asuntos públicos. Para ellos, esta expresión institucional significaría que el Rey debería actuar cuando las instituciones se bloquearan o estuvieran en crisis, o existiera el peligro de disgregación de la patria. Pero en realidad, si repasamos en detalle el contenido de las funciones que expresamente le atribuye la Constitución, en este caso, no estamos hablando de funciones del Jefe del Estado, sino más bien de la definición de la Jefatura del Estado. ¿Qué es pues moderar y arbitrar?. Dice García Morillo que estamos hablando entonces de lo que los británicos denominan: estar informado, aconsejar y estimular. Para ello, el Rey despacha habitualmente con el Presidente de Gobierno. La Constitución también señala que el Rey tiene la posibilidad, si así lo considera oportuno y a petición del Presidente del Gobierno, de asistir a las sesiones del Consejo de Ministros (artº. 62.g). Hasta ahora, la práctica ha consistido en la asistencia del Monarca al menos a un Consejo de Ministros anual, pero sin que en esa sesión se adopte decisión política alguna, pues ello supondría implicar al Rey en una concreta opción política.

Por lo tanto, aunque en un sentido jurídico estricto, el Rey carezca de poderes propios, eso no quiere decir que no tenga competencias. Tiene tantas competencias que sin la firma del Rey no nace la ley, ni un Tratado Internacional, ni un Decreto, ni se nombra al Presidente del Gobierno y a los Ministros, a los Magistrados del Tribunal Constitucional, ni a las principales autoridades públicas. Como explicaremos en detalle a continuación, estas competencias del Rey se realizan a través de actos debidos, son pues, competencias-obligación más que competencias-facultad, salvo una: la propuesta de candidato a Presidente de Gobierno que, libremente, aunque consultando con las fuerzas políticas, tiene la capacidad de proponer: En todos los demás actos del Rey, éste actúa a propuesta de otro órgano: nombra los Ministros a propuesta del Presidente del Gobierno, nombra Presidente del Gobierno a propuesta del Congreso de los Diputados, nombra Presidente del Consejo de Estado a propuesta del Consejo de Ministros, etc.

El Rey no es responsable, primero por ser Rey, y segundo porque el acto no procede originariamente de él, sino de un órgano del Estado que le ha dado forma y contenido al acto, y que el Rey ratifica de modo necesario. Eso es en última instancia, el significado de la Monarquía Parlamentaria.


“El Rey no puede equivocarse”: la irresponsabilidad regia y la figura del refrendo


El Rey no puede equivocarse. Frase recurrente en el sistema político británico y perfectamente aplicable al nuestro. Significa de hecho, que la ausencia de poderes políticos efectivos por parte del Rey tiene como consecuencia su irresponsabilidad Este rasgo constituye, junto a la sucesión hereditaria, una de las características principales de las Monarquías Parlamentarias actuales. Es decir, los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes, u órganos distintos de los que emanen (artº. 64). Esto significa en última instancia, que de los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden.

Frente a esta postura generalizada, y que se corresponde con una interpretación literal de la Constitución Española, que se ha venido a denominar mecanicista y automática, en la que el acto del refrendo es simplemente el que manda en la relación sometiendo la intervención regia a un mecanismo automático de sanción, nos vamos a encontrar con otras posibles interpretaciones. 

Para Herrero de Miñón, el acto regio y el acto refrendante formarían parte de un mismo acto complejo, que en función de la competencia atribuida, significaría un peso determinado en una u otra intervención. Mientras que Fernández Fontecha sostiene que aunque las competencias deben ser ejercidas a través del refrendo, lo cierto es que finalmente quién tiene la facultad de decidir si sanciona o designa es el Jefe del Estado. Frente a la postura de que los actos del Rey son actos debidos, es decir, actos a través de los cuales el Rey declara una voluntad ajena. Sin embargo, argumenta Fernández Fontecha, esta teoría a lo que conduce realmente es a extinguir los poderes atribuidos al Monarca por la Constitución, y a sujetar más que a ligar su voluntad a la del Gobierno. En todo caso, no es conforme ni con una interpretación originalista de la Constitución con arreglo al texto, ni conforme a la que denomina, una interpretación normativista que conforme a la literalidad de los Poderes. Y en este sentido, un argumento poderoso que permitiría sostener el carácter normativo de las disposiciones, es que la cláusula de reforma constitucional lo protege de la forma más enérgica. No son actos debidos puesto que permite un doble grado de control. Por un lado, existe un órgano del Estado de distinto método de elección, pero no menos democrático, en cuanto que su función es democrática, que recibe información y hace un examen previo del contenido del acto. Y en segundo lugar, existe la posibilidad de que en determinados casos y bajo su responsabilidad se pueda aplicar la obligación de guardar y hacer guardar la Constitución en los casos de manifiestas irregularidades en el procedimiento.

El Monarca, en una Monarquía parlamentaria, no solamente tiene “potestas” (en el sentido, claro está, del ejercicio de actos debidos), sino también auctoritas. Por ello, el Monarca no sólo tiene competencias, sino también influencia. Así, Bagehot, en su libro sobre la Constitución inglesa, dice que al Monarca inglés le quedan tres grandes funciones: advertir, animar y ser consultado. Y mediante esas funciones, que no son competencias en sentido propio, su influencia sobre el Gobierno y sobre la vida pública es notable. Esa característica se ve acrecentada precisamente por la permanencia y la fuerte carga simbólica de la Monarquía. En el caso español, se trata de una doble influencia: una, derivada de la auctoritas personal, que es innegable que consiguió Don Juan Carlos de Borbón por su actuación en la transición política (en los procesos de negociación y consenso con todas las fuerzas políticas; en su actuación frente al intento de golpe de Estado en 1981, etc.). Y otra, la auctoritas institucional: porque la  Monarquía es sobre todo una institución permanente que regularmente se sucede a sí misma, una institución que es representativa, pero de una manera simbólica, dada la gran capacidad de la Monarquía para ser símbolo integrador de la diversidad territorial, social, cultural, ideológica, etc.


Estructura y organización de la Monarquía: el Estatuto personal del Rey 
y la Casa Real


La posición del Rey como Jefe del Estado y titular de la Corona le confiere algunos rasgos que le distinguen del resto de los ciudadanos: El primero de ellos es que el Rey es, en España, la única persona inviolable. Eso significa que no puede ser demandado, ni denunciado, ni querellado, ni citado como testigo ni, tampoco, detenido ni encarcelado. Para que se pudieran llevar a cabo estas actuaciones, previamente, habría de ser inhabilitado como Rey por las Cortes Generales. Esta circunstancia es una consecuencia lógica de su carácter como símbolo del Estado y de su reconocimiento constitucional. 

También los familiares más directos de Rey reciben un tratamiento especial. Cabría distinguir a estos efectos entre la Familia Real y la familia del Rey. La primera se circunscribiría exclusivamente a los parientes más próximos: su cónyuge, la Reina, sus ascendientes, sus hermanos y sus descendientes. Este núcleo constituye la Familia Real, mencionada en la Constitución, que recibe una protección jurídica especial. Mientras que el resto de los familiares del Rey no tienen relevancia constitucional ni protección jurídica especial. 

Otra característica importante de la Monarquía Parlamentaria actual, viene dada por la sucesión hereditaria. La línea hereditaria es la de los sucesores de Don Juan Carlos I ; dentro de esta línea se sigue, en primer lugar, el criterio de descendencia. Por tanto, son herederos, si los hay, como ahora sucede, los hijos del Rey. Si hay varios descendientes, el heredero es, en primer lugar, si lo hubiere, el varón; dentro del mismo sexo, se aplica el criterio de mayor edad. Aunque debe matizarse que rige también el principio de representación. Por tanto, si falleciera el heredero y éste tuviese descendencia, la sucesión seguiría esa línea. Si no hubiese descendencia, entrarían en juego las líneas colaterales, es decir, los hermanos (artº. 57.1)

La Constitución no limita en modo alguno el derecho del heredero a contraer matrimonio con quién libremente desee. Pero establece una cautela, que alcanza no sólo a éste sino a todas las personas con derecho a la sucesión. Esta cautela consiste en que el Rey o las Cortes Generales pueden prohibir tal matrimonio ; en ese caso, la decisión de esa persona significaría también su renuncia a los derechos sucesorios para sí y sus descendientes (artº. 57.4). La Constitución establece también, en caso de hacerse necesaria, las figuras jurídicas de la Regencia (artº. 59) y de la tutela (artº. 60).

Corresponde también al Rey el nombramiento de los miembros civiles y militares de su Casa (artº. 65). La Casa Real es el organismo que, bajo la dependencia directa del Rey, tiene como misión servirle de apoyo en cuantas actividades se deriven de sus funciones como Jefe del Estado. También atiende a la organización y funcionamiento del régimen interior de la residencia de la Familia Real.

miércoles, 25 de febrero de 2015

EL PALACIO REAL DE MIRAMAR


El Palacio Real de Miramar en 
San Sebastián


El Palacio Real de Miramar desde la Bahía de La Concha










El origen del Palacio Real de Miramar se debe a las vacaciones de la Familia Real Española en el Siglo XIX cuando estaba de moda entre la alta sociedad tomar baños de ola en el Mar Cantábrico y la Reina Isabel II traslada a la corte en verano a San Sebastián. En 1885 la Reina consorte María Cristina de Habsburgo-Lorena enviudo del Rey Alfonso XII de España y en 1893 el vínculo de la realeza española con la capital guipuzcoana se estrecho aún más.

En 1888, encargó la construcción al arquitecto inglés Selden Wornum de una Real Casa de Campo en una extensa finca situada frente a la Bahía de La Concha comprada a los Condes de Moriana por 200.000 pesetas. La finca ha ido ampliandose con sucesivas adquisiciones. Es un palacio de estilo inglés con elementos neogóticos que contó con la ayuda del arquitecto donostiarra José Goikoa. Se utilizaron ladrillo y piedra arenisca con entramado de madera. Los jardines son obra de Pierre Ducasse.

El Palacio fue finalizado en 1893 y en 1920 se le añadió el Pabellón del Príncipe. Durante las obras el Palacio de Ayete, residencia de los Duques de Bailén sirvió de hogar a los monarcas españoles. 

El complejo se completo con caballerizas, casa de oficios y cocheras. En total el Palacio de Miramar y su parque abarcan una superficie de 34.136 metros cuadrados.

Bajo los jardines del palacio se habilito un falso tunel para el paso de la Compañía del Tranvía de San Sebastián y de la carretera. 

Algunas de sus estancias originales son el salón blanco, el salón de música, el salón de madera, el pétit salon, la biblioteca y el comedor real.

En 1929 la Reina Maria Cristina muere y su hijo Alfonso XIII hereda la propiedad que dos años más tarde es expropiada por la II República. En 1933 es cedida al Ayuntamiento de San Sebastián a cambio de que sus dependencias fueran a ser de uso educativo y cultural, y de uso veraniego para el Presidente de la República. El General Franco devolvió la propiedad a la Casa Real Española.

La Reina María Cristina de Habsburgo-Lorena manifesto especial predilección por San Sebastián ya que la visitaba todos los veranos. En la época de la 'Belle Epoque' siendo popular entre la jet-set europea se empezaron a construir una serie de edificios majestuosos con un marcado estilo francés, se creó el Hotel Maria Cristina el favorito de la aristocracia española, el balneario de La Perla, se ensancho el Paseo de La Concha, ella inaguro el Gran Casino donde esta actualmente el consistorio donostiarra y la llegada del Teatro Victoria Eugenia. Sobre el río Urumea tiene un puente en su honor.  En 1926 se la nombro alcaldesa honoraria de la ciudad. El consistorio ocupo posicion preferente en su funeral en Madrid.

En el periodo 1950-1954 el rey Don Juan Carlos de Borbón con su hermano el Infante Alfonso dieron clases con un reducido claustro de profesores en un ambiente aperturista para la España de la época con compañeros de familias leales a la monarquía tras un pacto entre su padre y Franco para que estudiara en España lejos de Estoril.

En 1972 el Palacio de Miramar fue adquirido a Su Alteza Real Don Juan de Borbón y Battenberg, Conde de Barcelona por la Corporación Municipal de San Sebastián con un precio de 100 millones de pesetas.

Actualmente realiza los cursos de verano de la Universidad del País Vasco, es la sede del centro superior de Música del País Vasco y da cabida a eventos del Festival de Cine de San Sebastián.

 


sábado, 3 de enero de 2015

El RETRATO EN LAS COLECCIONES REALES. DE JUAN DE FLANDES A ANTONIO LÓPEZ



          Joaquín Sorolla y Bastida, Alfonso XIII con uniforme de búsar en los jardines de La Granja
  (1907) 


Antonio López García, La Familia de Juan Carlos I, obra encargada por Patrimonio Nacional en 1994 y terminada en 2014, en donde se retrata a la familia del Rey Emérito.

                                       
Patrimonio Nacional y la Fundación Banco Santander organizan la primera gran exposición del reinado del rey Felipe VI. 'El Retrato en las Colecciones Reales' que se expondrá en la sala de exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid hasta el 19 de abril del 2015.

Es una gran oportunidad para conocer el género pictórico del retrato en la monarquía española en los grandes maestros que han trabajado en cada uno de los reinados desde el siglo XV hasta nuestros días repartidos por todo el patrimonio cultural de la Corona española (palacios y monasterios reales), destacando el óleo sobre lienzo majestuoso de Felipe V a caballo de Louis-Michel Van Loo, retratos de la Familia Real de Francia, el Príncipe de ensueño de Salvador Dalí (colección privada de Juan Carlos I), los lienzos a Carlos IV y María Luisa de Parma con mantilla de Francisco de Goya, o las imágenes de Tiziano Vecellio y Antonio Moro para la Casa de Austria y la familia de Carlos III en Italia por Anton Raphael Mengs.  Sus comisarios son Carmen García-Frías y Javier Jordán de Urries.

Más información en: http://www.patrimonionacional.es/retratos/






lunes, 9 de junio de 2014

FELIPE VI: UN REINADO DECISIVO EN ESPAÑA

                                            
                                                   FELIPE VI DE ESPAÑA

Escrito por Don Javier Terán Conde, autor del Blog de Monarquía Española con ocasión de la futura proclamación real de Su Alteza Real Don Felipe de Borbón y Grecia, Príncipe de Asturias, de Gerona y de Viana.
                                   
El dia 19 de Junio de 2014, va a ser un día importante en la historia de la nación española ya que ante la mirada de todos los españoles va a ser proclamado Felipe VI como Rey de España en las Cortes Generales. Va a ser un reinado distinto al de su padre Juan Carlos I, con una meta clara que es superar la grave crisis interna que sufre España que afecta a las instituciones del Estado, la economía, la identidad nacional, la sociedad que busca mayor participación  en las grandes decisiones y a la que habrá que sumar el objetivo de convertir al país mayoritariamente Juancarlista en monárquico para consolidar la forma de gobierno que ha adoptado el pueblo desde la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978.

Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, nació en Madrid el 30 de Enero de 1968 adoptando el nombre del primer monarca de la dinastía Borbón en España: Felipe V de Anjou. Sus padres eran los príncipes Don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias y Doña Sofía de Grecia y Dinamarca a la espera de que el General Franco en el poder desde el año 1939 nombrara a Don Juan Carlos, cuyo padre el Conde de Barcelona era el continuador de la línea dinástica de la monarquía española, sucesor a título de rey. Nombramiento ratificado por las cortes franquistas un año después con el juramento de las Leyes Fundamentales del Reino adoptando el título de Príncipe de España. Sus padres no accedieron al trono hasta el 22 de noviembre de 1975, cuando fueron proclamados reyes de España y convirtieron a España tras el referendum del 6 de diciembre de 1978 en una monarquía parlamentaria propia de una democracia occidental europea.

Fue bautizado el 8 de Febrero de 1968 en el Palacio de La Zarzuela, teniendo de padrinos a su bisabuela doña Victoria Eugenia de Battemberg, Reina de España que pisaba el país tras su exilio en 1931 y a su abuelo Don Juan de Borbón, Jefe de la Casa Real española desde el exilio en Estoril (Portugal).

Curso los estudios escolares en el Santa María de los Rosales de Aravaca, un colegio fundado en 1952 por intelectuales y empresarios monárquicos, donde han acudido miembros de la nobleza como Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, heredero de la Casa de Alba o del mundo empresarial como Álvaro Fuster, cuyo padre era representante de la firma aeronautica McDonnell Douglas en España o Javier López Madrid, hijo del presidente de Volvo. Allí recibió una educación liberal, no efusivamente religiosa con una pedagogia moderna e innovadora, y con mucha atención a la lengua inglesa y a actividades deportivas o de teatro, en el que se trabaja en grupo y se da mucha importancia a los buenos modales, es donde estudian sus hijas Leonor y Sofía.



         Don Felipe durante las clases en el Colegio Santa María de los Rosales


Estudio el COU a los 17 años en el prestigioso internado Lakefield College School de Toronto en Canadá, donde lo apodan "Flip", vive en una habitación de 10 metros cuadrados, asiste a nueve clases diarias, hay una practica del deporte obligatoria y se levanta a las cinco de la mañana, con un método de educación anglosajón, donde anteriormente asistió el príncipe Andrés, Duque de York.

El 2 de Noviembre de 1977 a la edad de 9 años en la ciudad asturiana de Covadonga fue presentado oficialmente como Príncipe de Asturías, que le acredita como heredero de la Corona de España creado en 1388 para el futuro Rey Enrique III de Castilla que se casaba con Catalina de Lancaster en virtud del Tratado de Bayona por el que se resuelve el problema sucesorio del Reino de Castilla. Hay que recordar que Franco no le permitió serlo a su padre ya que era un reconocimiento del estatus de D. Juan, Conde de Barcelona como Rey y por Real Decreto 54/1977 del 21 de Enero se oficializo a Don Felipe de Borbón y Grecia como Príncipe de Asturias con los demás títulos que corresponden al heredero de la Corona de España. En 1986 juro la Constitución Española y lealtad a Su Majestad el Rey en las Cortes tras cumplir su mayoría de edad.



             El Príncipe Felipe en su época adolescente vestido de militar

Don Felipe de Borbón recibió instrucción militar en la Academia General Militar de Zaragoza para su desempeño en el Ejercito de Tierra, en la Escuela Naval Militar de Marín para la Armada española y en la Academia General del Aire de San Javier para el Ejercito del Aire. Realizó su LVIII crucero de instrucción como guardamarina a bordo del buque escuela de la armada Juan Sebastián de Elcano en 1987.

Es el primer príncipe de la historia de España que realiza estudios universitarios, se licencia en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid en 1993. También curso asignaturas de ciencias económicas. Se desplaza a Washington D.C. capital de los Estados Unidos de América para realizar un Master en Relaciones Internacionales en la Escuela Edmund A. Walsh de Foreign Service en la prestigiosa Universidad jesuita de Georgetown, para saber manejar el papel de representación exterior que va a ejercer fuera de España. Tras dos años de estancia, recibió la calificación de sobresaliente y en 1995 empieza a desarrollar misiones de Estado en el extranjero, las primeras en California y Mejico.



El día de la Graduación de Don Felipe de Borbón y Grecia en la Universidad de Georgetown. Acompañado de sus padres Sus Majestades los Reyes de España.

Domina el inglés que habla en casa con su madre la Reina Sofía de Grecia, el Francés y el Catalán, procura mantener el contacto con todas las lenguas Cooficiales de España que se usan en las Instituciones Políticas de las Comunidades Autónomas.

Ha mantenido relaciones sentimentales con varias chicas entre ellas Dª Victoria de Carvajal y Hoyos, hija del marqués de Isasi que fue su primera pareja, Dª Isabel Sartorius y Zorraquín, hija del marqués de Mariño que estudio Ciencias Políticas también en Washington D.C, aspiraba a entrar en la Carrera Diplomática y trabajo en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, la modelo norteamericana Dª Gigi Howard, la actriz Dª Gwyneth Paltrow, Dª Gabriela Sebastian de Erice, hija del embajador de Alemania en España, la mexicana Dª Marcela Cuevas, y sucesivamente hasta llegar a la modelo noruega Dª Eva Sannum, actualmente publicista.



     El Príncipe de Asturias con su pareja mas conocida que fue Isabel Sartorius.


Don Felipe seguía los telediarios de la cadena pública española muy a menudo fijandose concienzudamente en una reportera que le resultaba muy atractiva, entonces pidió al periodista de TVE Pedro Erquicia que organizara una cena en el que consiguió su móvil, tiempo mas tarde consiguió su primera cita a solas, fue un noviazgo discreto y a espaldas de los medios de comunicación.

Se llama Doña Letizia Ortiz Rocasolano, nacida en Oviedo en 1972 de familia de tradición periodística, tras terminar el bachillerato en el Instituto Ramiro de Maeztu, estudio Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, fue becaria en el periódico del principado La Nueva España, obtuvo un master en comunicación audiovisual y hizo sus estudios de doctorado en Guadalajara (México), recibio el premio Mariano José de Larra de la asociación de Prensa de Madrid como periodista menor de treinta años y estuvo casada por matrimonio de forma civil con un antiguo profesor de literatura del instituto  madrileño que acabó en divorcio.

El heredero de la Corona de España sale con una ciudadana española normal alejada de las elites sociales altas de la que se enamora y tras el anuncio del compromiso matrimonial el 1 de Noviembre de 2003 y la pedida de mano en el Palacio Real de El Pardo, se casan en la Catedral de la Almudena un lluvioso 22 de Mayo de 2004. Ella permite ver al futuro Rey Felipe VI la cercanía con la sociedad desde el prisma de una mujer que ha tenido una infancia alejada del protocolo y las cuestiones de Estado.



  Felipe y Letizia: Los futuros Reyes de España con sus hijas Leonor y Sofía


Entre las aficiones del futuro rey están la lectura, esquiar, viajar a lugares recónditos, la vela, bailar salsa le consideran un experto, comer kebab, la opera, los toros como a su padre, la naturaleza y la ecología, el cine de todos los gustos, la fotografía, las motos y los coches.

Es atento, escucha a todo el mundo, es más tímido y serio que su padre a la vez que mas reservado, se compromete con los problemas de las personas, cree en la modernización de la institución monárquica y tiene buen sentido del humor. Afronta un reinado decisivo en el que la Corona afronta un papel de mediación y dialogo con todos al servicio del estado español.

Desde el Blog de Monarquía Española se le desea mucha suerte! Viva España, Viva Felipe VI.



               Don Felipe con el traje de Teniente Coronel del Ejercito de Tierra





                                                Felipe VI de Joven


                                   











                             

































    



  

jueves, 13 de septiembre de 2012

NUEVA PÁGINA WEB DE LA CASA REAL


          Vista de la nueva página web de la Casa Real Española 


                El Rey Don Juan Carlos, el Príncipe Felipe y la Infanta Leonor
                       "Tres Generaciones unidas en un compromiso común"
                      Foto realizada en los Jardines del Palacio de La Zarzuela


La Casa Real Española ha puesto en marcha su nueva página web www.casareal.es con la que en palabras del rey, "Queremos mejorar la Comunicación de la Corona con todos los españoles" y donde se quiere mostrar una imagen de transparencia, rigor e innovación, como muestra la carta, con la que S.M el Rey da la bienvenida a la web de la institución monárquica, en la que se pueden consultar todas las actividades públicas de la Familia Real Española, fotografías inéditas de la Corona, videos y audios históricos en colaboración con los archivos de RTVE, información ampliada sobre el organismo oficial de La Casa de Su Majestad el Rey de España, y la historia de la Monarquía Española, así como de los artículos constitucionales de La Corona y los símbolos del Estado, y videos de actualidad ofrecidos por la agencia EFE, se puede enviar mensajes a Su Majestad, a S.A.R el Príncipe de Asturias a través del libro de visitas virtual, compartir información oficial en las redes sociales como Tuenti o Twitter, lleva la posibilidad de escuchar lo publicado por un sistema de audio especial, y hay una sección dedicada a responder  preguntas frecuentes que puedan surguir a la ciudadanía española, y está disponible en Inglés, Castellano y las demás lenguas Cooficiales de España. Una manera de acercar la Monarquía Española a la sociedad del Siglo XXI.

martes, 5 de junio de 2012

LA ORDEN DEL TOISÓN DE ORO Y SUS SOBERANOS (1430-2011)


Retrato del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, con el collar del Toisón de Oro, nieto de Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que recibió la herencia dinástica de la Orden del Toisón de Oro de su padre Felipe I de Habsburgo que lo víncula a los monarcas de Castilla y Aragón, sucesivamente de España, tras casarse con Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos.


  Javier Terán Conde, autor de Monarquía Española  junto al retrato de Felipe II de España, en cuyo reinado se produjo la anexión de Portugal a la Monarquía Hispánica, proclamado como Felipe I ante las Cortes de Tomar, en 1581.        


                                Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro 
                                                                                                                                                                                     

Felipe III de Austria con el Hábito de Gran Maestre de la Insigne Orden del Toisón de Oro



La Fundación Carlos de Amberes, situado en la calle Claudio Coello, 99 en el aristocrático y señorial  Barrio de Salamanca de Madrid, creada en  1594 (reinado de  Felipe II) por el flamenco Carlos de Amberes, natural de esta ciudad en la región flamenca situada en el  Reino de Bélgica, que legó una serie de inmuebles de su fortuna personal, para que sirvieran de albergue y hospedaje a los pobres y peregrinos procedentes de las diecisiete provincias de los Países Bajos Españoles que visitaban la Villa de Madrid, por consiguiente la Capital de España y que no disponían de suficientes recursos económicos. Hubo la creación del Hospital de San Andrés de los Flamencos que realizaba labores asistenciales y caritativas dentro de un mismo circulo de personas naturales de las antiguas provincias de los Países Bajos Españoles.

Esta Fundación cuyo patronicio pertenece la Casa de S.M el Rey,  y la Presidencia de Honor  la obstenta S.M el Rey Don Juan Carlos I, aparte de la Embajada en España del Reino de Bélgica, el Reino de los Países Bajos, Gran Ducado de Luxemburgo, los Presidentes de la Comunidad de Madrid y Alcaldes de la Villa de Madrid y demás representación institucional existente en España, hizo una exposición acerca de la Insigne Orden del Toisón de Oro, la condecoración de origen medieval más importante de Europa y del mundo, cuyos soberanos siempre han sido los monarcas españoles hastan nuestros días, desde el matrimonio de Felipe el Hermoso, Duque de Borgoña y  hijo del Emperador Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña (de quien recibe la transmisión familiar de la Orden del Toisón de Oro), con Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos.

La última imposición del Rey fue al Ex-Presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, con el Collar de la Orden del Toisón  por su colaboración y defensa de la libertad y el Estado de derecho en la lucha contra la banda terrorista ETA, el 16 de Enero de 2012.

La exposición "La Orden del Toisón de Oro y sus Soberanos" a la que tuve la oportunidad de asistir contó con la colaboración de Patrimonio Nacional, contó como comisarios a: Fernando Checa Cremades, Catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid y a Joaquín Martínez-Correchel y Gil, Embajador del Reino de España y Ex-Jefe Protocolo del Estado español. Obras de arte de pintores referentes mundialmente como Rubens, Velázquez, Goya, esculturas, tapices, códices, las mejores armaduras medievales de Europa (Madrid, Viena), la cesión  por  S.M  el  Rey  a la exposición de 3 veneras del Toisón que actualmente descansan en la residencia de los Reyes en el Palacio de La Zarzuela, situado en el Monte de El Pardo (Madrid) y el Collar del Duque de Wellington.

La muestra estuvo abierta al público desde el 1 Diciembre 2011 hasta 26 Febrero 2012.



       
VIDEO DE LA EXPOSICIÓN REALIZADO POR TVE